«Top of the Pop Tarts»
Una Pop-Tart gigante con mermelada y glasa
¿Qué divinidad del mundo de los snacks se les había escapado a los genios de PimpThatSnack? Nos pasamos horas bebiendo cerveza y dándole vueltas.
Entonces lo vimos claro.
La humilde Pop-Tart, antaño fuente abundante de aditivos y números E para fabricar al niño perfectamente hiperactivo, ya no nos bastaba. Habíamos crecido y dejado atrás aquella tostada dulce. Era hora de ponerla al día, a lo grande.
Pero una Pop-Tart no es solo masa, mermelada y glasa. En nombre de la ciencia la diseccionamos para estudiar su interior de frutos rojos. El relleno parecía más un puré o alguna sustancia sintética de pezuñas que una mermelada normal.

¡Wikipedia al rescate! No encontramos nada sobre el interior rojo. Nuestras primeras hipótesis hablaban de napalm con sabor a fresa. Había que reproducirlo.
Para hacer «Top of the Pop Tarts» necesitas:
2 paquetes de 450g de mezcla para masa quebrada (o hazla tú, si tienes experiencia)
1 paquete de 500g de azúcar glas
1 tarro de mermelada de fresa sin semillas
1 cucharada de sirope dorado
Fideos o bolitas de azúcar de colores, como los llames.

También hace falta música. Nuestros CD carecían claramente de temas sobre snacks gigantes.
Como tramposos perezosos usamos mezcla de masa preparada. Xzibit se avergonzaría; Westwood también, pero a ese le da todo igual. La masa de Pop-Tart no es una quebrada corriente, así que añadimos bastante azúcar glas. Cada capa necesitó, para nuestra sorpresa, un paquete entero. Añadimos agua y estiramos la masa tan fina como pudimos con un vaso de pinta.

Kelloggs no siguió la regla del rectángulo áureo sino la del rectángulo de platino, base de nuestra repostería gigante. Medimos la base con el «sistema Bowie»: usamos una copia de Hunky Dory de David Bowie como plantilla. No es el álbum más ostentoso del mundo, pero mide bien la masa.

Con la base en la bandeja bebimos algo más y preparamos la mermelada. La normal no tiene la textura ni el sabor del relleno de Pop-Tart, así que añadimos sirope dorado para imitar aquel barril de números E. La extendimos sobre la base y bebimos otro poco.

Estiramos la tapa con el segundo paquete de masa, pero llegó el desastre (ya tocaba): apareció un gran desgarro al intentar colocarla sobre la mermelada.
Volvimos a estirarla y esta vez logramos ponerla sobre la base. ¡Hurra! Unos cortes con el cuchillo dieron forma al gigante antes de hornearlo.

Metimos la Pop-Tart en un horno muy caliente (unos 220C) durante unos veinte minutos. No recomendamos pasar ese tiempo tirando los recortes de masa y montando un desastre. Al fin salió del horno.

La dejamos enfriar mientras veíamos Doctor Who y jugábamos a Guitar Hero. Luego mezclamos el azúcar glas restante con un poco de agua tibia, según el paquete. En teoría, 500g debían bastar para masa y cobertura; tras nuestro desorden escaseaba.

Cubrimos la parte superior y echamos muchas virutas de colores para imitar la extraña decoración azucarada de la Pop-Tart. Satisfechos, nos retiramos por la noche.

Pero la historia seguía: el propósito de una Pop-Tart es tostarla. Ninguna tostadora nuestra admitía una de este tamaño, así que buscamos otros medios.
La pusimos bajo el grill y se tostó rápidamente. Después descubrimos que apenas cambiaba nada, pero tenía muy buen aspecto.
En conjunto, Top of the Pop Tarts es unas tres veces más grande que la original y, según nuestra broma, lleva alrededor de un 90% menos de aditivos, aromas y partes de vaca.

Solo puede quedar una… y es esta. ¡Éxito!
Bueno, no del todo. Creemos que la masa quedó demasiado gruesa y algo abizcochada. Una masa dulce casera, o un tarro lleno de aditivos, quizá habría funcionado mejor. Aun así, sabía bien con una taza de té.