«Fondant Fancy»
Un pastelito glaseado gigante
Un puente festivo y un viaje laaaaaargo de Londres a Leeds dejan mucho tiempo para soñar con alcanzar la cima de los dulces gigantes y crear uno digno de esta web. Después de una breve visita a M&S nació el proyecto… ¡Me vino la inspiración! Pasaríamos el fin de semana agrandando un fondant fancy, el rey de los pastelitos elegantes.
Ingredientes:
Para el bizcocho (o los bizcochos):
18 onzas de mantequilla
18 onzas de harina con levadura
18 onzas de azúcar extrafino dorado
9 huevos
3 cucharaditas de levadura química
Para el relleno de la parte superior:
Eh… un montón de mantequilla y otro de azúcar (azúcar glas y azúcar extrafino), más un chorrito de leche.
Para el glaseado:
Creo que usamos aproximadamente 1KG de azúcar glas (sí, un kilogramo)
Zumo de 1 limón
Agua caliente
Colorante alimentario amarillo

Calorías totales: Muffin calcula unas 8000 (frente a unas 105 de un pastelito normal). Y es médico, así que debería saberlo.
Elegido el proyecto, buscamos una receta de bizcocho (¡viva santa Delia!). Por suerte teníamos un molde cuadrado del tamaño adecuado (8 gloriosas pulgadas de lado y 1.5 pulgadas de profundidad; según Delia, el tamaño importa). Decidimos apilar 3 bizcochos para formar el cubo necesario. Los ingredientes de arriba alcanzan para tres bizcochos (según Delia, cada uno da para 8 personas: esto sí que es un pastelito gigante).
Fuimos a Sainsbury’s, volvimos con la compra y nos pusimos manos a la obra.
Fase 1: hornear tres bizcochos cuadrados
En vez de hacer una cantidad enorme de masa de una sola vez, preparamos los tres bizcochos por separado. Así se mide mejor y, lo más importante, se puede rebañar el cuenco tres veces (advertencia: puede sentar mal). ¡A hornear!
Cosas importantes que recordar al hornear bizcochos:

– ¡Tamiza la harina, cariño!
Nota: no intentéis tamizar el azúcar extrafino mezclado con la harina; se tarda una eternidad y es una tontería (a diferencia de la foto, que muestra un tamizado perfecto sin azúcar).
La mantequilla debe estar muy blanda o las varillas se romperán y se soltarán una y otra vez. Tuvimos que meter la nuestra en el microondas, pero no os paséis: se volverá líquida y tendréis que esperar mucho para que se enfríe y cuaje.

Precalentad el horno. Si no, habrá que sacar el bizcocho (aún crudo) y esperar 15 minutos a que el dichoso horno se caliente. Poned un temporizador para no quemar los bizcochos.
Usad manoplas de horno

Nos pusimos creativos con el segundo bizcocho, pero la escritura desapareció al subir la masa.

Como solo teníamos 2 moldes y había que hacer tres bizcochos, tocó esperar bastante. ¿La solución? ¡Té!
Para el tercer bizcocho ya jugábamos con otros utensilios, como el rallador, así que añadimos ralladura de limón para hacerlo más interesante.

Cansados de esperar y de beber té, abrimos el vino. Y después de todo aquello teníamos
¡tres bizcochos! (Y esa extraña figura siniestra de un niño en el fondo no tiene nada que ver conmigo).

Tenían que enfriarse antes de seguir. Hora de… ¡una barbacoa! (Y más vino). Tras muchas salchichas, volvimos para la fase 2.
Fase 2: formar un cubo de bizcocho.
Preparad la crema de mantequilla. Servirá para hacer el bulto de arriba y pegar los bizcochos. Usamos el azúcar extrafino que sobraba (demasiado granuloso; evitadlo la próxima vez), mucho azúcar glas, más o menos una tableta entera de mantequilla (ablandada) y algo de leche. Batid a conciencia con varillas o una cuchara de madera (o las dos, pero no a la vez).
Cortad la parte superior de los dos bizcochos de abajo para que la torre quede nivelada y no vuelque (ni exija montones de crema para rellenar huecos).
Usad la crema de mantequilla para pegar los bizcochos apilados.

Nuestros moldes no eran exactamente iguales (maldito Sainsbury’s), así que recortamos los bordes para cuadrar el cubo. Por desgracia, recortar no es lo mío…
Con la torre montada, estábamos listos para la fase 3: el bulto y el glaseado…

Moldeamos la crema de mantequilla en forma de montículo o joroba (entrada musical: «my hump, my hump»…), la plantamos sobre la torre y la alisamos con un cuchillo.

Luego preparamos el glaseado. Elegimos un pastelito amarillo en vez de rojo por puro capricho, aunque el amarillo casi es el color del oro, el más ostentoso de todos. Para respetar el original usamos zumo de limón, que aporta ese toque cítrico. En mi opinión, esto convierte al pastelito gigante en un alimento sano, pues oficialmente contiene vitamina C.
Para este monstruo hace falta MUCHO glaseado. No bromeaba con lo del kilogramo de azúcar glas de la lista. Preparadlo espeso para que no se escurra por los lados y no olvidéis el colorante amarillo. Nota: guardad un poco de azúcar glas para las rayas blancas.

Glasead deprisa, antes de que cuaje en el cuenco.

Dejamos cuajar el glaseado un rato (medio episodio de Green Wing), y luego alisamos la superficie con un cuchillo mojado en agua caliente. Ya había comido tanta masa cruda, recortes y glaseado que casi me había convertido en un fondant fancy. Descubrí además que comer tanto azúcar antes de acostarse hace casi imposible dormir y deja dolor de cabeza al día siguiente.

Después, las rayas blancas (el glaseado, no el grupo The White Stripes, ja, ja… perdón, exceso de azúcar). El pastelito Mr Kipling que usamos de referencia tiene rayas marrones (peores, en mi opinión), pero el original de M&S que nos inspiró tenía rayas blancas y decidimos ser fieles a nuestra musa.

Y aquí está: ¡el fondant fancy monstruoso, gigante y espectacular!
Mirad qué diminuto parece uno normal a su lado. Muffin calcula que el nuestro tiene 125 veces el volumen de un pastelito estándar.

Y la foto obligatoria del corte.

El nuestro tiene rayas por dentro por haber pegado los tres bizcochos, pero por lo demás, ¡PERFECTO! Y además está buenísimo.