Pimp That Snack

«Ultimeight»

Dos After Eight gigantes con envoltorio negro y dorado

Qué pasa, colegas. Llevábamos semanas planeando una extravagancia de After Eight, pero otro equipo se nos adelantó con sus travesuras y una esencia de menta de £8. Con una bolsa de chocolate barato y menta aún más barata a punto de desperdiciarse, creímos que todo estaba perdido, en serio. Pero entonces se nos ocurrió una última idea genial, sacada de la manga de nuestro chándal dorado. Sí, quizá nuestro Ultim-eight parezca una simple copia a los más observadores, pero con un envoltorio reluciente de 24 quilates justificamos la repetición. Y no hicimos uno, sino dos. ¡Ahí queda eso, colegas!

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Ingredientes para el proyecto:

10 tabletas del chocolate más barato de Sainsbury’s. En la foto solo aparecen 7, pero, como buenos aficionados, guardábamos más en la despensa para multiplicar el proyecto por 2. Coste = £2.50
2/3 de una caja de azúcar glas para fondant, con glucosa en polvo añadida para darle una textura más pegajosa. Coste = unos 33p
Esencia de menta de verdad, que aun así solo costó 89p. ¡Y otros pagaron £8!
Film brillante para envolver. Coste desconocido
Cartulina negra brillante. Coste = 95p
Rotulador dorado para darle un toque profesional. De 24 quilates, claro. £1.99

Coste total = £6.66.

Primero fundimos el chocolate. Probamos en el microondas y casi provocamos una explosión porque se nos había colado un trozo de envoltorio plateado. Pasamos al método clásico: fundirlo sobre agua hirviendo en el fogón.

Mientras tanto, forramos un molde cuadrado con film transparente para conseguir las arrugas características y desmoldar fácilmente. Vertimos una capa fina de chocolate y lo metimos en el congelador para enfriarlo. Bien helado, colega.

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Después preparamos el delicioso relleno cremoso de menta. Nada de sirope de maíz y otras historias: nos bastaron azúcar glas y agua del grifo, a la vieja usanza. Probamos varias veces la cantidad de menta hasta dar con ese auténtico sabor a pasta de dientes dulce.

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Extendimos el relleno sobre el chocolate dejando un borde libre para sellarlo con más chocolate y lo devolvimos al congelador. Pensamos que así tendría alguna posibilidad de sobrevivir cuando vertiéramos encima más chocolate muy caliente.

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Mientras el molde se enfriaba en el congelador, volvimos a fundir chocolate. Al añadir la segunda capa descubrimos el truco: rellenar primero los laterales y cubrir enseguida la crema de menta antes de que escapara o se mezclara con el chocolate. De nuevo al congelador para el cuajado final. Preparaos para el gran momento.

Dejamos el envoltorio negro y dorado al experto en grafitis. Primero reprodujimos con mucho cuidado las dos marcas registradas en la cartulina negra. Luego las rellenamos de oro líquido. ¡Puro brillo!

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Sacamos el producto final del congelador, retiramos con cuidado el film transparente y lo metimos en su envoltorio.

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Claramente superior en todos los sentidos a su diminuto tocayo. Para comparar:

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Un After Eight capaz de satisfacer hasta al rapero más exigente. Biggie estaría orgulloso.

Nos divertimos tanto con el primero que pensamos: ¿por qué no repetir? Y vaya si hicimos otro.

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Después de una pausa para comer abundantes tortillas con frijoles negros (tanto trabajo en la cocina abre el apetito), rematamos la cena de la mejor manera posible: con un Ultim-Eight.

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