«Mr Pimpling’s Angel Slice»
Un Angel Slice gigante de bizcocho rosa y amarillo
Bizcocho
6 huevos
250g de mantequilla
500g de harina
400g de azúcar extrafino
Unas gotas de colorante alimentario rojo
(Las cantidades son aproximadas: Sejal, la principal repostera, no suele medir).
Crema de mantequilla
75g de mantequilla
No recuerdo cuánto azúcar glas usamos, pero estaba bueno.
Esencia de vainilla
1 paquete de fondant muy dulce
Glaseado
Agua
Colorante alimentario rojo
Azúcar glas
Coste total: £5.00

Primero hicimos una masa básica de bizcocho al estilo de Sejal, con un poco de harina por aquí y otro de mantequilla por allá. Terminó pareciéndose a unos huevos revueltos.

Hacía falta más harina.
Al final, ya agotados, tuvimos lista la masa.

La dividimos en dos y teñimos una mitad de rosa. (22) Vertimos ambas masas en dos moldes de pan distintos (prestados por Elli) y los metimos en el horno.

Mientras tanto nos ocupamos de las coberturas. El Angel Slice necesita no uno ni dos, sino TRES tipos. Primero va la crema de caramelo (me corrigen: no es crema de mantequilla) entre las capas de bizcocho. Segundo, la cobertura tipo fondant.

Compramos una plancha para estirarla al grosor necesario. Pensábamos que nos faltaría tiempo, pero aun así hicimos una manga pastelera.

Pensamos que iríamos justos… pero no sabíamos cuánto.
Los bizcochos tardaron una ETERNIDAD en cocerse por dentro y empezaron a quemarse por fuera. Nos reunimos para decidir entre seguir horneando (y quemando) o quedarnos con un Angel Slice muy húmedo. Seguimos.
Por suerte, había que recortar los bizcochos de todos modos, así que quitamos casi toda la parte quemada (aquí nos importaban tanto la apariencia como el sabor).

Untamos la crema de caramelo (¡digo, la crema!) sobre el bizcocho rosa y colocamos encima el segundo.


Después pusimos encima el fondant estirado y lo recortamos.
A esas alturas estábamos emocionadísimos (y eufóricos por tanto azúcar), pero mantuvimos la calma para el paso crucial: el glaseado rosa fluorescente. Un desliz podía arruinarlo todo. La repostera hizo un trabajo estupendo.


¡Tachán!