«Yorkie»
Una chocolatina Yorkie gigante hecha en tres moldes
Queríamos hacer un snack gigante antes de que se agotaran las ideas y elegimos la deliciosa chocolatina Yorkie, con su fama (al parecer) sexista. Con dinero y poco más, nuestro joven equipo se dispuso a hacer algo bastante sencillo.
Necesitarás:
1200g de chocolate
3 recipientes de plástico para alimentos
2 manoplas de horno (¡por si una se prende fuego!)
Una cacerola
Un bol de cristal
Nervios de acero (si te avergüenza comprar tanto chocolate en Sainsbury’s o te prendes fuego por accidente)

PASO 1
Trocea el chocolate con los demás, repartiéndolo por igual. Fue divertido hacerlo como una carrera. Se nos pegó chocolate fundido a las manos y la cruel naturaleza nos obligó a chuparlo.
PASO 2
Pon el chocolate de la primera persona en un bol de cristal y colócalo dentro de una cacerola con agua hirviendo.
Tuvimos un pequeño percance: yo, el cabecilla, acerqué demasiado la manopla a la llama del gas y se prendió fuego. Que os sirva de lección: eh… no os incendiéis. Es malo.
PASO 3
Vierte el chocolate en los moldes y deja la base lisa. Si no queda lisa, golpea repetidamente el recipiente por un lado hasta que desaparezcan los grumos.

PASO 4
Mete los recipientes en el congelador para que cuajen. CONSEJO: colócalos sobre la cena baja en calorías de alguien para que absorba las calorías sobrantes. Repite los pasos 2, 3 y 4 para los demás bloques. Después, aprovecha para lamer los restos de chocolate fundido que quedaron «por accidente».

PASO 5
Pelea con los recipientes para sacar el chocolate. A nosotros nos fue mejor cortar alrededor de los bordes con un cuchillo y golpear la base hasta que salió. Los insultos tampoco surtieron efecto. CONSEJO: si otra persona golpea el recipiente con la hoja de un cuchillo, NO pongas los dedos sobre el chocolate. (Ten tiritas a mano: ¡nos hicimos un número extraordinario de heridas!).
PASO 6
Graba la palabra YORKIE en la parte superior de los bloques y listo. (Si haces esto con chicas, cuidado: ellas empezaron a comerse sus bloques y se enfadaron cuando les dije que no).

El resultado no se parecía mucho a una Yorkie, pero estaba rico. Olvidamos comprar una original para comparar, así que usamos el móvil de una de las chicas.

Incluso hicimos una foto del corte, aunque no aportaba gran cosa: ¡dentro solo había más chocolate!

En ese momento, el cabecilla decidió conservar la Yorkie para que las generaciones futuras pudieran admirarla.